lunes, 3 de octubre de 2011

Ricardo Abad, récord de maratones consecutivas

"Lo consiguió. El tafallés Riki Abad se hizo ayer (sábado 1º de octubre de 2011) en Madrid con el Récord Guinness al concluir su maratón 366, uno al día desde hace un año, casi 15.000 kilómetros, unas 1.500 horas de su vida en estos doce meses pasados a zancada limpia, con nieve, con lluvia, con fiebre. "Estoy en una nube. Casi no me creo que lo haya podido hacer, casi no me lo creo." repitió a su llegada ante fotógrafos y cámaras de televisión, rodeado de los amigos que le habían acompañado en la carrera que aplaudían a rabiar mientras el txistu y el acordeón de Ismael Yagüe, de Villava, e Ismael Aguerri, de Tafalla, caldeaban el ambiente con un pasacalles ante el pasmo de los viajeros de la Estación de Atocha donde estaba instalada la meta.
Todo comenzó cuando el día no había clareado aún. A las ocho de la mañana, en los Jardines del Invernadero que el arquitecto navarro Rafael Moneo diseñara para la vieja Estación de Atocha, allí estaba Riki Abad preparado para culminar su hazaña. Unos paneles de la compañía que le patrocina y un racimo de globos amarillos señalaban el lugar de encuentro. Poco a poco fueron llegando los amigos de Navarra, Wuici, Javier Ongai, Juantxo Pagola. y también los que habían llegado de víspera desde distintos puntos de España y que le siguen a diario en su página web y en su blog, y que incluso le han acompañado a correr varios maratones. Es el caso de Emilia Azuaga que venía desde Málaga con su mujer y sus hijos para correr a su lado, como Gonzalo Merino, que llegaba desde Santander también con su mujer, sus hijos su suegro y su cuñada, y José Antonio Soto, campeón de ultra fondo y Álvaro Puñal. Desde Burgos otro maratoniano, José Luis Rodríguez Cuesta. Y los navarros que viven en Madrid, como el tafallés Eduardo Ojer.

Diez vueltas al retiro


Puntual como un ferroviario, a las 8.30 previstas, Riki se puso en marcha seguido de una veintena de amigos maratonianos. Juntos enfilaron la cuesta de la estación para tomar la Cuesta de Moyano donde los libreros comenzaban a desplegar sus mesas para la venta de libros. De ahí accedieron a los Jardines del Buen Retiro cuando el sol ya apuntaba por encima del Observatorio Astronómico. El Retiro les acogió fragante y luminoso, con sus senderos casi desiertos todavía y con los castaños a penas dorados por un otoño que se resiste a posarse en el calendario. Otro maratoniano de la cuadrilla de Abad, Pablo Colinis, que reside en Madrid y que conoce el Retiro como la palma de su mano, se encargó de guiar al grupo por los senderos menos concurridos de sus arboledas porque en la primera pasada por el Paseo del Lago ya se presentía la aglomeración que no tardaría en producirse: los saltimbanquis, los echadores de cartas, los mimos y marionetas, los brujos del tarot y los magos de los masajes orientales desplegaban ya a esa primerísima hora del día sus útiles de trabajo.

Una, dos, hasta diez vueltas dieron por El Retiro atrayendo a otros corredores habituales de los sábados que les acompañaban un trecho hasta que se quedaban arrumbados sin fuelle. Y finalmente, cumplidos ya los 40 kilómetros rituales, de vuelta a la meta, a los aplausos de los amigos y los flases de los periodistas.

Feliz con el reto conseguido
Fue entonces cuando Riki Abad dijo sentirse flotando en una nube, y confesó también que durante el recorrido había pensado mucho en los días malos, "los que realmente te aportan significado al reto porque tienes que superarte a ti mismo cuando estás al límite".

-Sobre todo me he acordado mucho de mi padre que falleció durante el reto, recordé los días malos que pasé al final cuando le cuidé en la UCI, cuando él mismo me empujaba: "anda, anda, vete a correr" me decía. Dudé mucho qué hacer cuando murió pero sabía lo orgulloso que se sentía de mi intento así que salí a correr. Fue mi personal demostración de duelo a mi padre, así que le he recordado esta mañana mucho.
Pero la pregunta a la que más veces tuvo que responder el atleta tafallés era tan simple como complicada.
Por qué, por qué correr le preguntaban los periodistas.
Lo llevo dentro. Yo soy feliz así.
Su mujer, Verónica le miraba y sonreía mientras atendía a los medios de comunicación,
¿Se puede vivir con un hombre que es un reto continuo?
Ay! No quiero ni saber qué retos se le ocurrirán mañana.
La vida de Riki siempre ha sido un reto contínuo. Pero la marca de ayer pasará a la historia. 366 maratones seguidos, se dice pronto."
fuente: Diario de Navarra-

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