jueves, 28 de enero de 2016

Felizmente Drogado, Disfrazado "Juan Perez"

Por Javier Guattini (Electro Running)

La felicidad es una búsqueda interminable e inalcanzable en muchos casos, pero aunque no seamos personas plenamente felices podemos tener momentos. Las endorfinas, son unas proteínas que actúan como neurotransmisores de placer, nacen, por decirlo poéticamente, en una región de nuestro cerebro llamada hipófisis. La ciencia ha comprobado que correr genera esta sustancia y por algún rato somos más felices. Suele llamarse a las endorfinas la droga de la felicidad. Si armáramos un esquema lógico podríamos decir “Si correr genera endorfinas y las endorfinas generan felicidad entonces correr genera felicidad.”


Ahora bien, toda hipótesis científica en algún momento necesita ser demostrada y es aquí donde voy a presentar el caso de Juan.
Juan es una persona que no tengo el gusto de conocer personalmente mas allá de algún saludo en las carreras, pero siempre me llama la atención su particular forma de correr en las competencias, lo hace disfrazado.

A pesar de los riesgos, desafía los postulados médicos que nos indican que tener una sesión aeróbica en esas condiciones es perjudicial para su propia salubridad, pero además, desafía el orden social establecido, ése al que le tenemos más miedo que perder la salud. ¿Por qué?
(Sentido del ridículo, está relacionado con la timidez y con la sobrevaloración de los convencionalismos sociales. Lo tenemos todos en mayor o menor medida)
Ésa respuesta le pertenece exclusivamente a Juan (algún día la tendré), pero aventurando entre la ciencia y la fantasía de mis pensamientos quiero creer que Juan ha estado drogando tanto su cerebro con endorfinas producidas en cientos de horas de entrenamiento que ha podido superar esa barrera ideológico-científico-cultural que nos llena de temor a hacer el ridículo y se dedica pura y exclusivamente a ser feliz, lo interesante de ésta vivencia que Juan experimenta, es que también nos hace felices a nosotros. Este sábado Juan corrió el Maratón de Reyes disfrazado de arbolito de navidad, niños, jóvenes, hombres adultos, señoras gordas o refinadas, almaceneros, garcas que prestan plata, todos!, sonreían al verlo pasar.
Ojalá todos podamos despertar al Juan que llevamos dentro. ¡Quien te dice!, tal vez sea en el entrenamiento de hoy. Si el precio de la felicidad se paga corriendo, no pareciera ser un precio tan alto, ¿no?

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