Por: Enrique Rodriguez
Lo ocurrido recientemente vuelve a poner sobre la mesa una problemática que el atletismo de calle arrastra desde hace tiempo y que necesita decisiones firmes y concretas. El acompañamiento de atletas por ciclistas, así como la asistencia indebida durante una competencia, debe ser prohibido de manera definitiva.
Hoy, con la tecnología disponible y las múltiples filmaciones que se registran en cada carrera, es muy fácil identificar estas situaciones. No se trata solo de una falta deportiva: en muchos casos, los ciclistas obstruyen, molestan y ponen en riesgo a otros corredores. Estas acciones deberían ser sancionadas con severidad y, llegado el caso, denunciadas, ya que alteran el normal desarrollo de una competencia pública.
Del mismo modo, también debe sancionarse el acompañamiento de corredores que actúan como “liebres improvisadas”, especialmente cuando varones acompañan y asisten a atletas mujeres durante gran parte del recorrido, brindándoles una ventaja antideportiva frente al resto de las competidoras. Correr es individual: nadie puede “tirar” de otro para que gane.
Es fundamental que las organizaciones designen veedores cada dos o tres kilómetros, con la autoridad suficiente para advertir, registrar y sancionar estas indisciplinas. Quienes incurran en este tipo de conductas deberían recibir castigos deportivos reales, incluyendo la descalificación y la imposibilidad de participar en futuras competencias.
El atletismo debe defender un principio básico: igualdad de condiciones. Así como se combate el doping y el uso de sustancias que favorecen el rendimiento, también debe combatirse cualquier forma de ayuda externa.
Decir atletismo limpio no es solo hablar de no consumir productos prohibidos.
Es decir no al doping,
no al acompañamiento en bicicletas,
no a la asistencia indebida entre corredores,
y sí al juego limpio, al respeto y a la transparencia.
El crecimiento del running depende de reglas claras y de hacerlas cumplir. Sin excepciones.
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